14 dic. 2008

James Bond: Quantum of Solace (2008)

La nueva película de James Bond nos ha permitido hacer un trabajo de análisis filosófico aplicado. Hemos discutido cuestiones como el significado de la “licencia para matar”; la moralidad de tener agentes como Bond para proteger el Estado de Derecho cuando en realidad parecen vulnerar todos sus principios fundamentales; los presupuestos sobre la naturaleza del castigo que mueven los actos del agente británico en relación con los villanos de turno; y finalmente la manera en la que las mujeres son representadas en sus películas. La variedad e importancia filosófica de estos problemas ponen de manifiesto el poder de los enfoques que relacionan filosofía y cultura popular para generar debates profundos.

Mucho se ha hablado en los medios de comunicación del nuevo perfil que el personaje ha asumido en su anterior película y en la que se ha estrenado este año. Pero en muchas cuestiones fundamentales parece que los cambios son sólo superficiales. Tomemos, por ejemplo, la relación de Bond con las mujeres. El uso de la mujer como medio para lograr sus fines era una constante en el accionar del agente a lo largo de todas sus películas anteriores. ¿Se puede hablar de un cambio radical en esta situación en Quantum of Solace? James Bond manipula emocionalmente a M apelando a sus instintos maternales, logrando que cambie órdenes que ha dictado personalmente y que perjudican su forma de entender la misión. Se acuesta con la agente del Consulado Británico en Bolivia para lograr que desobedezca las órdenes que había recibido y colabore con él. La joven termina muerta en su cama –la de Bond- y cubierta de petróleo (el glamour de Goldfinger no cuela en los pragmáticos tiempos que corren).

La chica Bond en esta oportunidad es una joven boliviana llamada Camille que busca vengar la muerte de su familia. Para ello tiene que matar al general corrupto que los mató y que está a punto de convertirse nuevamente en dictador de su país. Bond no necesita acostarse con ella para lograr su colaboración en la misión, pues en gran medida la comparten. Pero eso no significa que no la utilice para su provecho, ya que la chica le sirve para mantener el equilibrio psicológico a lo largo del relato. En su primer encuentro Bond le salva la vida –impidiendo que cumpla con su venganza cuando ya estaba a punto de consumarla. Salvar a Camilla no formaba parte de su misión –ni tampoco parecía poder aportar nada a ella en esos momentos iniciales del film. Pero Bond logra salvar a una bella joven de una muerte segura. Acto reparador del dolor que le genera el recuerdo de la única mujer a la que ha amado y a la que no pudo salvar al final de la anterior entrega de la saga Casino Royale. De esta manera satisface una necesidad psicológica profunda, en la que Camille sólo es relevante como imagen evocadora de la perdida Vesper.

Pero no termina allí el uso que Bond hace de su nueva compañera de aventuras. La instruye, la acompaña y la ayuda para que pueda realizar su tan deseada venganza. Vive con ella su venganza. De esa manera logra una forma de sustituir su propia venganza –que podría llevarlo a perder el control de la misión como temen sus superiores. Facilitar la venganza de Camille le permite la suficiente reparación emocional sustituoria como para posponer la realización de su propio deseo de venganza contra el hombre que manipuló a su amada Vesper llevándola a la traición y la muerte. Bond utiliza inconscientemente a Camille para mantener su equilibrio emocional.

El Bond del siglo XXI ya no necesita acostarse con las mujeres que aparecen en su vida para satisfacer sus necesidades. Pero ellas siguen siendo medios fundamentales para su supervivencia. Bond las utiliza para posponer la locura a la que su vida de asesino a sueldo del Estado lo arrastra de forma irremediable.

10 dic. 2008

Estructura y redacción del escrito final

La idea rectora al escribir un artículo debe ser plantear la solución a un determinado problema. Eso permite extrapolar las pautas que proponen aquellos autores que estudian el método de resolución de problemas. Se suelen distinguir cuatro momentos en la resolución de un problema:

[1] el primero culmina con la formulación clara y rigurosa del problema en lenguaje técnico, y con una sucinta discusión referente a la posibilidad de resolverlo;
[2] el segundo termina con la formulación de la solución del problema, anticipando la tesis que se defenderá;
[3] el tercero consiste en la justificación de la tesis propuesta mediante argumentación o prueba (esto último sólo es posible en algunas disciplinas empíricas o formales);
[4] el cuarto y último consiste en una revisión o certificación de la solución del problema, lo que implica señalar los nuevos problemas que la propuesta suscita, sin entrar a resolverlos.

Estos pasos pueden a su vez subdividirse y aplicarse a la elaboración de un artículo apto para ser presentado en una revista prestigiosa con un referato riguroso o para un trabajo final en un programa de doctorado o asignatura de primer o segundo ciclo. La introducción del trabajo abarca las dos primeras etapas, el núcleo central debe dedicarse a la tercera y las conclusiones a la cuarta. En un trabajo bien estructurado la introducción no deberia ocupar más del 20 por ciento de la extensión total, el núcleo central entre el 60 y 70 por ciento, y las conclusiones el restante 10 o 20 por ciento. El espacio dedicado a cada una de estar partes variará dependiendo de los contenidos que se decida incluir en cada una de ellas. Qué cosas no pueden faltar en cada una de estas tres grandes partes y que cosas podemos incluir facultativamente es lo que presentaré a continuación -con una indicación de la extensión sugerida tomando como referencia un trabajo de diez páginas-. Para trabajos de mayor envergadura se deben realizar los ajustes pertinentes.

Presentaré los contenidos esenciales de cada una de las tres partes en las que podemos dividir todo escrito académico. También aquellas cuestiones que pueden incluirse, pero cuya ausencia no genera problemas estructurales. Los puntos señalados en versales negritas son aquellos que no pueden faltar en ningún artículo, son innegociables. No pueden estar ausentes por mas breve y modesto que fuera el escrito que se pretende elaborar.

LA INTRODUCCIÓN

[1] Descubrimiento del problema
Explicitar de qué se va a hablar. Hay muchas formas de hacerlo, lo mejor es llevarlo a cabo en forma directa, con frases del tipo: “Este estudio se propone...” o “En este trabajo nos ocuparemos de....”.
Extensión sugerida: 2 o 3 líneas

[2] Aceptación del problema
Esto no se suele hacer pero es crucial. Consiste en justificar por qué aquello señalado en el punto anterior representa un problema para nosotros. Esto es necesario pues la noción de “problema” es contextual, no existe un problema en sentido absoluto. Por ende es vital discutir porque es relevante la pregunta formulada que motiva el trabajo.
Es preferible formular sólo una pregunta y luego extenderse en la justificación, que formular muchas y tratarlas brevemente a todas.
Extensión sugerida: 10 o 15 líneas

[3] Análisis del problema
Depende de la naturaleza del artículo. En artículos de ciencias duras se consigna la codificación de cuales son los datos sobre los que se va a operar y con qué incógnitas se trabajará. Métodos de análisis y anticipo de la cosa nueva a proponer. En nuestro caso sería mencionar a quién se controvierte, qué líneas se seguirán.
Extensión sugerida: 1 página

[4] Formulación del problema en lenguaje técnico y riguroso
Plantear la pregunta a contestar de la manera más precisa posible, utilizando el lenguaje técnico de la disciplina en la que se trabaje. Sólo se presenta la pregunta central a contestar.
Extensión sugerida: 2 a 5 líneas

[5] En este paso se presenta la respuesta a la pregunta planteada.
Se puede subdividir en tres pasos, a saber:
[5.1] Presentar las soluciones posibles, adelantar las respuestas que pueden darse a la cuestión.
[5.2] Enunciar la solución que en definitiva se propondrá. Esto no puede faltar de ninguna manera.
[5.3] Reescribir la solución utilizando la terminología técnica de la disciplina de la que se trate. Esto es vital en materias como química o física (y derecho) que en los pasos anteriores se suelen manejar en lenguaje ordinario a los efectos de aumentar la audiencia posible de su artículo. Depende del tema y es negociable.
Extensión sugerida: 20 líneas los tres pasos.

Hasta ahora no podemos haber escrito más de dos páginas en total, es decir 1/5 del artículo que recién ahora comienza en sentido estricto.


NÚCLEO PRINCIPAL

[6] Apoyo racional y fáctico a la tesis propuesta

[6.1] Apoyo racional: Consiste en la construcción de argumentos, los que se pueden distinguir de acuerdo al objetivo que persiguen de la siguiente manera:
[A] Argumentos en oposición a quienes sostienen tesis diferentes a la nuestra: Se toman dos o tres de los autores más importantes, no más (el resto puede citarse en una breve nota al pie). La elección del adversario es crucial para el nivel del artículo. Tampoco debemos exagerar esta parte, poque siempre es más fácil criticar a otros que defender la tesis propia.
[B] Argumentos en defensa de nuestra tesis personal. Debemos dar siempre el doble de espacio a la defensa de nuestra tesis respecto del espacio dedicado a la crítica de las demás posiciones. Debemos ser breves y filosos cuando criticamos a los demás, y expandirnos en la defensa de nuestra tesis.
[6.2] Apoyo factual: Es todo aquello que se presenta en defensa de nuestra tesis, a manera de condimento. Depende mucho del área. Es la denominada evidencia, que en el area filosófica consiste principalmente en citas textuales, bibliografía y notas al pie de página. En otras disciplinas puede consistir en la elaboración de esquemas, gráficos, etc. En este punto no hay recetas. Las citas que se pongan en el texto deben ser aquellas que abonan muy fuertemente nuestra tesis, así y todo no debe pasar de las 5 líneas (usar puntos suspensivos en el interior de los párrafos extensos para adaptarlos a esta extensión). El resto debe ir en notas al pie de página, no exagerar.

Extensión sugerida [A]: 2 o 3 páginas.
Extensión sugerida [B]: 4 o 5 páginas.

CONCLUSIONES

[7] Reformulación
En trabajos de 10 páginas no es necesario, pero si el trabajo tiene 30 o más es importante recordar que es lo central en el artículo. En un trabajo corto se debe evitar para no ser reiterativo.

[8] Consecuencias ulteriores
Esto es relevante en artículos científicos, no en el tipo de trabajo que nos proponemos llevar a cabo.


[9] Límites de la propuesta
También es importante en artículos científicos, pero en el tipo de trabajo que nos importa sobra.


[10] Nuevos problemas
En un trabajo de investigación nunca debe darse la impresión de que nuestra propuesta es la palabra definitiva en el tema. Todo buen trabajo genera ineludiblemente nuevos e interesantes problemas. En esto consiste lo que se suele denominar “estructura abierta del artículo”.

Extensión sugerida: 1 o 2 páginas en total de acuerdo a los puntos que desarrollemos.

LA VERSIÓN FINAL

Es bueno partir el trabajo de acuerdo a las tres grandes partes que hemos señalado. En artículos breves es mejor poner números antes de cada una de las partes y tres estrellitas para indicar el final (o nada). En trabajos más extensos se justifica el uso de subtítulos, los que deben estar muy bien elegidos porque de lo contrario desorientan y se vuelven en nuestra contra.

Si se desea enviar el artículo para su publicación, es bueno dejar descansar el escrito dos o tres semanas sin mirarlo y luego proceder a una segunda lectura y revisión, a los efectos de mejorarlo. Esta operación se puede repetir dos o tres veces para lograr versiones cada vez mas ajustadas del trabajo. No exagerar, hay un momento en que debe enviarse el artículo aunque pueda mejorarse para evitar que el mismo se perpetúe en nuestro escritorio.

Esta estructura es sólo una sugerencia metodológica, y de ninguna manera debe tomarse como un esquema rígido e inmodificable. En las actividades académicas priva la libertad y la creatividad, pero siempre puede ayudar saber como resuelven algunas cuestiones la gente que tiene experiencia en estos temas.



REFERENCIAS Y CITAS BIBLIOGRAFICAS


La bibliografía debe ser citada por orden alfabético y por apellido del autor siguiendo el siguiente patrón:

Apellido del autor, Nombre, Titulo de la obra, lugar de edición, editorial, año. [en el caso de libros]

Apellido del autor, Nombre, “Titulo del articulo”, Nombre de la revista, volumen, número, año, número de páginas que ocupa el artículo utilizado. [en el caso de artículos]

Apellido del autor, Nombre, “Título del capítulo”, en Nombre y Apellido del compilador, (ed.), Título del libro colectivo, lugar de edición, editorial, año, números de páginas que ocupa el artículo utilizado.

En las notas al pié de página se consignan los mismos datos, mas la especificación del número de página de donde se ha tomado la cita o en la que se alude a lo tratado en el texto principal. Si se cita el mismo trabajo varias veces, se puede resumir colocando el apellido del autor y luego Op. Cit, y el número de páginas al que se alude en las notas posteriores.


En otras entradas se trataran en detalles los sistemas de citas y cómo citar otro tipo de documentos.

La lectura crítica

He aquí algunas técnicas de lectura crítica, ya que debemos diferenciar la lectura que hacemos con fines lúdicos o informativos, de aquella otra necesaria para el desarrollo de un trabajo de investigación académica. La lectura crítica es una actividad que requiere escritura.

1. RESUMENES

Un texto teórico tiene una complejidad que requiere una lectura detenida y repetida para poder captar la intención de su autor, siempre demanda una respuesta creativa e individual por parte del lector.

Una importante ayuda para comprender el trabajo de un filósofo es asentar en forma resumida, con nuestras propias palabras, el argumento del texto, página por página, capítulo por capítulo, desde el principio hasta el fin.

Resumir ayuda a comprender el contenido y la secuencia de ideas de una lectura.

Como es un ejercicio en escritura (no de pensamiento crítico) es útil para hacer una transición entre lectura y escritura.

El resumen debe ser considerablemente más breve que el texto original (1/3 o menos), si se hace más largo es señal de que no se ha comprendido bien como para condensarlo.

Puede ser útil numerar los párrafos en el original y usar esos mismos números para marcar los enunciados en nuestro resumen.

Para ser breve trata de escribir no más de una o dos oraciones por cada párrafo del original.

Cita sólo excepcionalmente y poca extensión. Las citas excesivas llevan a creer que uno entiende más de lo que en realidad ocurre.



2. LAS TESIS DEL AUTOR


La escritura teórica es usualmente escritura argumentativa. El corazón es la tesis del autor, el punto central que intenta defender, explicar, justificar o a veces convencer al lector que crea, basándose en todas las consideraciones racionales que el autor pudo reunir.

Para hallar las tesis del autor hay que dejarse guiar por el título que el autor le puso al texto. Si puede hallar una o dos oraciones en el texto que pongan aquello que el autor puso en el título, es probable que haya hallado la tesis del autor. No confundirse con el tema del texto, que también se expresa en el título.

Tratar de determinar el principal punto que el autor esta tratando de marcar, alrededor del cual giran los ejemplos, analogías, evidencia y detalles ilustrativos.

Trate de presentar la tesis en la forma más precisa y breve que pueda. Fuércese a ponerlo en una sola oración descriptiva.

Atención: si cuesta mucho hallar la tesis del autor, piense que no todo texto filosófico es argumentativo, y sin argumento no se puede hallar la tesis.

En la introducción del libro o artículo el autor suele anticipar la tesis a defender y resumir la estrategia argumentativa que desarrollará en el texto.



3. LOS ARGUMENTOS


1. Identificar y analizar argumentos es la clave de la lectura crítica de un texto. Tanto la crítica como la defensa de una tesis exigen la construcción, identificación y evaluación de argumentos. Los juristas necesitamos, en consecuencia, cierta habilidad para identificar y evaluar argumentos, y también cierta habilidad para construírlos. La habilidad no es algo que se pueda transmitir mediante proposiciones, requiere ejercitacion y práctica al mismo tiempo que se reflexiona sobre la misma. Si bien todos argumentamos a diario no siempre nos hemos puesto a pensar críticamente sobre las complejas cuestiones involucradas en dicha tarea. Esta ficha intenta brindar algunos elementos para comenzar a hacerlo.

2 Definición de argumento. Un argumento es un conjunto de enunciados de los cuales se afirma que hay un subconjunto de dichos enunciados que constituyen las razones para aceptar la verdad de otro de los enunciados que lo componen. A los enunciados que constituyen las razones se los denomina “premisas”, y al enunciado que se pretende apoyar con estas se lo llama “conclusión”. Los “enunciados” son expresiones lingüísticas de las que se puede decir que son verdaderas o falsas porque se proponen informar acerca de algo. El orden en el que aparecen los enunciados en seno de un argumento resulta totalmente irrelevante para su estructura. No existen pautas estrictas para determinar la presencia de un argumento en un fragmento de discurso ni tampoco para identificar sus premisas o su conclusión. Sin embargo esta es la principal tarea que debemos realizar si queremos determinar el grado de apoyo que recibe cualquier afirmación.

3. Ejemplos de argumentos. Para ilustrar lo dicho tomemos los siguientes ejemplos:

1. Un perro estaba encerrado en los establos, y, sin embargo, aunque alguien había estado allí y había sacado un caballo, no había ladrado. Es obvio que el visitante era alguien a quien el perro conocía bien.

2. Si en el ajedrez no hay factores aleatorios, entonces el ajedrez es un juego de pura destreza. En el ajedrez no hay factores aleatorios. Por lo tanto, el ajedrez es un juego de pura destreza.

3. El ajedrez es un juego de pura destreza, porque en el ajedrez no hay factores aleatorios y si en el ajedrez no hay factores aleatorios, entonces el ajedrez es un juego de pura destreza.

4. El gaucho se levanta a la mañana, y mira al horizonte otra vez. Lleva sin dormir una semana, perdio una china de rojo libanés. ¿Qué está pasando? ¿Algo esta cambiando? Siempre era el que apagaba la luz. “¿Qué está pasando?” dice el viejo Armando, mientras hace trampas en el mouse.

¿En cuáles de estos fragmentos podemos identificar la presencia de argumentos? La respuesta es que en (1), (2) y (3) se expresan argumentos, pues en ambos detectamos un intento para que aceptemos la verdad de ciertos enunciados tomando como fundamento otros enunciados.
En el caso (1) lo que se quiere demostrar es la afirmación “el visitante era alguien a quien el perro conocía bien” (conclusión), y se dan como razón o apoyo los enunciados “había un perro en el establo”, “alguien entro al establo y robo un caballo y el perro no ladró” (premisas). Todavía no nos importa determinar si el argumento es bueno o malo, si debemos aceptarlo como una buena razón o no, pues para poder determinar esto tenemos previamente que haber identificado con la mayor precisión posible todos los elementos que deberemos considerar en dicha tarea.
Los casos (2) y (3) encontramos ilustrado lo dicho cuando afirmamos que la presentación lingüística del argumento no es relevante para determinar sus componentes y estructura. En ambos casos se quiere probar que “el ajedrez es un juego de pura destreza” (conclusión), y las razones son “que si en el ajedrez no hay factores aleatorios entonces el ajedrez es un juego de pura destreza” y que “en el ajedrez no hay factores aleatorios” (premisas). Por ende el argumento es el mismo en ambos casos independientemente de las grandes diferencias que podemos detectar a nivel lingüístico entre ambos fragmentos.
El ejemplo (4), por último es un claro ejemplo de fragmento lingüístico, compuesto en gran parte por enunciados y tambien por expresiones que, de acuerdo a nuestra definición, no pueden considerarse enunciados porque no son susceptibles de verdad o falsedad, como son las preguntas. Una pregunta exige cierta respuesta, pero en si misma no puede ser considerada ni verdadera ni falsa.

4. Premisas tácitas. En algunos argumentos pueden darse por sentados ciertos enunciados. Esto significa que quien lo construyo dejo algunas de las afirmaciones necesarias para fundamentar la conclusión sin formular. La tarea de identificación requiere determinar tambien los enunciados tácitos o presupuestos en un argumento, pues los mismos pueden resultar claves a la hora de evaluar su fuerza. A veces se dejan presupuestos enunciados que se consideran evidentes, por una razón de economía estilística, pero en otras ocasiones se encubren de esta manera los aspectos más débiles de un argumento.

Tomemos el ejemplo (1) dado anteriormente:

Premisa 1. “Había un perro en el establo”.
Premisa 2. “Alguien entro al establo y robo un caballo y el perro no ladró”.
Conclusión. “El visitante era alguien a quien el perro conocía bien”.

En este caso podemos detectar la presencia de una premisa tácita, encubierta o presupuesta, pues la misma resulta necesaria para que del conjunto de enunciados explícitamente dado pueda derivar la conclusión propuesta. ¿Cuál es esa información oculta? Sencillamente lo que no se formula es el enunciado “Los perros no suelen ladrarle a aquellas personas a las que conocen bien”, la que puede considerarse de esta manera una premisa tácita del argumento. El argumento, si intentaramos evaluar su fuerza, debería presentarse en realidad de la siguiente manera:

Premisa 1. “Había un perro en el establo”.
Premisa 2. “Alguien entro al establo y robo un caballo y el perro no ladró”.
Premisa 3 (presupuesta o tácita). “Los perros no suelen ladrarle a aquellas personas a las que conocen bien”.
Conclusión. “El visitante era alguien a quien el perro conocía bien”.

Si observamos el resultado veremos que el argumento resulta ahora mucho mejor que en su anterior presentación. Pero lo que nos motiva para detectar este tipo de premisas no es un afán estético. Lo hacemos porque un argumento, para ser considerado un buen fundamento para afirmar la conclusión que se pretende defender con él, necesita partir de premisas verdaderas. Y lo más importante es que todas sus premisas deben ser verdaderas, incluso sus premisas presupuestas.

5. Evaluación de argumentos. Antes de evaluar argumentos, se debe previamente (1) reconocer los razonamientos cuando aparecen; (2) identificar sus premisas y sus conclusiones, y (3) explicitar las premisas tácitas o presupuestas.
La solidez de un argumento depende de dos aspectos: su forma lógica y la verdad de sus premisas. Para mostrar la aceptabilidad de las premisas de las que se parte no queda otro remedio que construír otros argumentos para hacerlo, los que suelen denominarse subargumentos. Cualquier conclusión que se intente demostrar mediante un argumento puede ser aceptada o rechazada no por su contenido específico sino por la solidez de los argumentos y subargumentos en los que se apoya, bastaría con mostrar que alguna de las premisas o subpremisas no puede ser aceptada para rechazar la afirmación que se pretendía extraer de ellas.

6. Definición de argumentación. A un texto en el que encontramos una gran cantidad de argumentos y subargumentos enlazados lo llamaremos “argumentación”, y la principal tarea antes de evaluar cualquier argumentación es identificar con precisión los distintos argumentos y subargumentos que la componen. No hay reglas que nos permitan mecanizar esta tarea (a diferencia de lo que ocurre con el control de la forma lógica de un argumento deductivo). Pueden darse, no obstante, algunos consejos metodológicos.
Lo primero que tenemos que determinar es la estructura general de la argumentación analizada. Lo más frecuente es encontrarse con un conjunto de argumentos y no con uno solo, esto es así pues muchas veces las premisas utilizadas en el argumento principal necesitan ser apoyadas o demostradas, para lo cual se necesitan, como dijimos, construír subargumentos. Una forma de iniciar la tarea de análisis es tratar de determinar cuál es la pregunta a la que la conclusión del argumento intenta dar una respuesta, o lo que es lo mismo, cuál es el problema que se intenta resolver mediante la argumentación o cuál es la cuestión objeto de la disputa en el marco de la que se argumenta.

7. Un ejemplo de argumentación. Tomemos el siguiente ejemplo, que aunque dista de tener toda la complejidad que poseen normalmente las argumentaciones en lenguaje natural, presenta mayores inconvenientes que los ejemplos simples presentados anteriormente.


“La pena capital se justifica moralmente algunas veces como un medio de prevenir la reiteración del delito por parte del criminal. Por sus actos pasados el criminal se ha mostrado vicioso y peligroso. Es muy probable que cualquier persona lo suficientemente depravada como para matar o violar actúe de nuevo de una forma socialmente perjudicial. La única manera segura de prevenir que tal persona asesine, rapte o viole de nuevo en el futuro es ejecutarla. La prisión esta lejos de ser el medio más efectivo para proteger a la sociedad, y más bien es un medio muy poco eficaz para protegerla de los criminales peligrosos. La mayor parte de los presos son liberados después de un cierto tiempo -a menudo más peligrosos que cuando ingresaron- simplemente bajo palabra, por amnistía o por expiración de su condena. Además, la fuga siempre es posible, en cualquier caso. E incluso dentro de los limites de la prisión, un criminal condenado puede matar o secuestrar a un guardián, a un compañero o a un visitante. Ejecutar a un criminal condenado es la única manera segura de impedir que cometa otros actos criminales. Dado que es correcto proteger a los miembros inocentes de la sociedad de los crímenes y delitos, también será correcta en algunas ocasiones la pena capital.” (Wellman, Carl, Morales y Eticas, Madrid, Tecnos, 1982).

En el ejemplo podemos definir el problema que se plantea el autor de la siguiente manera: ¿Está la pena capital moralmente justificada en alguna ocasión? Este primer paso es crucial, pues de el dependerá la reconstrucción que hagamos del argumento, así como la evaluación respecto a la pertinencia o relevancia de las premisas aportadas como razones. Si en vez de definir el problema como lo hemos hecho, creemos que en realidad el autor intenta responder a la pregunta: ¿Sirve la cárcel para evitar la reiteración delictiva?, tendremos una visión totalmente diferente de la argumentación, y muchos enunciados que son premisas en el punto de vista adoptado en un principio, pasan a ser enunciados superfluos en la nueva reconstrucción. En nuestro ejemplo, la respuesta del autor es clara: la pena de muerte está moralmente justificada en algunas ocasiones.
No hay reglas inflexibles y unívocas para interpretar y reconstruír las argumentaciones, pero tenemos que tratar de elegir la alternativa interpretativa que (a) respete en la medida de lo conocido la intención del autor; (b) nos permita dar cuenta de la mayor cantidad de enunciados que componen la argumentación; (c ) que presente la versión más poderosa o fuerte de la posición del autor. Los enunciados presentes en el ejemplo son los diez siguientes:

1. La pena capital se justifica moralmente algunas veces como un medio de prevenir la reiteración del delito por parte del criminal.
2. Por sus actos pasados el criminal se ha mostrado vicioso y peligroso.
3. Es muy probable que cualquier persona lo suficientemente depravada como para matar o violar actúe de nuevo de una forma socialmente perjudicial.
4. La única manera segura de prevenir que tal persona asesine, rapte o viole de nuevo en el futuro es ejecutarla.
5. La prisión esta lejos de ser el medio más efectivo para proteger a la sociedad, y más bien es un medio muy poco eficaz para protegerla de los criminales peligrosos.
6. La mayor parte de los presos son liberados después de un cierto tiempo -a menudo más peligrosos que cuando ingresaron- simplemente bajo palabra, por amnistía o por expiración de su condena.
7. Además, la fuga siempre es posible, en cualquier caso.
8. E incluso dentro de los limites de la prisión, un criminal condenado puede matar o secuestrar a un guardián, a un compañero o a un visitante.
9. Ejecutar a un criminal condenado es la única manera segura de impedir que cometa otros actos criminales.
10. Dado que es correcto proteger a los miembros inocentes de la sociedad de los crímenes y delitos, también será correcta en algunas ocasiones la pena capital.

¿Cuál es el argumento principal? Es aquel que tiene como conclusión la respuesta al problema planteado por el autor del fragmento. En este caso podemos reconstruírlo como sigue, detectando de paso las premisas implícitas [PI] en el mismo:

1. Es correcto proteger a los miembros inocentes de la sociedad de los crímenes y delitos.
2. Se protege a los miembros inocentes de la sociedad de los crímenes y delitos evitando que aquellos que ya delinquieron puedan volver a hacerlo. [PI]
3. La unica manera segura de prevenir que un delincuente que se ha mostrado vicioso y peligroso vuelva a delinquir es ejecutarlo.
4. Una pena esta moralmente justificada si es el medio más seguro para prevenir la reiteración del delito por parte del criminal. [PI]
5. Por lo tanto, la pena capital esta justificada moralmente en algunas ocasiones.

Las premisas implícitas no son objeto de una defensa abierta en el fragmento por lo que nunca podremos detectar subargumentos en su apoyo. En cambio, cada una de las premisas explícitas debería estar apoyada por otras razones, a menos que se las considere indiscutibles. Sin embargo no siempre se dan asi las cosas, en nuestro ejemplo podemos ver como todo el esfuerzo argumentativo esta puesto en la construcción de subargumentos en apoyo de la premisa 3., dejando a la premisa 1. sin ningun tipo de apoyo racional. Pero encontramos, en cambio, un conjunto de argumentos tendientes a apoyar algunas de las premisas de los subargumentos detectados. Deberiamos llamarlos sub-subargumentos, pero nos referiremos a ellos con la denominacion generica de subargumento, especificando en cada caso el enunciado al que brindan apoyo. Frente a cada subargumento corresponde realizar el mismo análisis, incluso la detección de subpremisas implícitas [SPI].

1. Subargumento en apoyo de la premisa 3: (a) Es muy probable que una persona capaz de cometer delitos graves actúe de nuevo de una forma socialmente perjudicial. (b) La función de las penas es proteger a la sociedad evitando que los delincuentes puedan actuar de nuevo de una forma socialmente perjudicial.[SPI] (c ) La prisión es un medio muy poco eficaz para proteger a la sociedad de los criminales peligrosos. (d) Sólo se puede proteger a la sociedad de los criminales peligrosos enviándolos a prisión o ejecutándolos.[SPI]. Por lo tanto, la única manera segura de prevenir que tal persona delinca de la misma manera en el futuro es ejecutarla.

2. Subargumento en apoyo de la subpremisa (c): La mayor parte de los presos son liberados después de un cierto tiempo, a menudo más peligrosos que cuando ingresaron. La fuga de una prisión es siempre posible. Dentro de los límites de la prisión un condenado puede volver a delinquir. Si una persona cometió un delito es muy probable que vuelva a delinquir .[SPI]. Se protege a la sociedad evitando que los delincuentes puedan cometer nuevos delitos.[SPI]. Por lo tanto, la prisión es un medio muy poco eficaz para proteger a la sociedad de los criminales peligrosos.

Este análisis nos permite trazar hipotéticamente las siguientes líneas de crítica, alguna de las cuales deberemos desarrollar si es que no queremos aceptar la terrible conclusión del argumento analizado:

[1] Una primera línea de crítica puede establecerse a partir de la constatación de que la base del argumento es la teoría de la justificación de la pena que aparece subyacente en la premisa implícita 4., y que corresponde a las denominadas teorías de la prevención especial, ampliamente discutidas en filosofía del derecho penal.
[2] Pero aún si se aceptara tal teoría justificadora de la pena o no se quisiera ingresar en dichas cuestiones, deberían darse razones adicionales para aceptar las premisas (a) y (d) con las que se intenta demostrar la premisa 3., y también para aceptar la premisa implícita con que se refuerza la premisa (c), a saber el enunciado “sólo se puede proteger a la sociedad de los criminales peligrosos enviándolos a prisión o ejecutándolos”, cuya aceptación es altamente discutible.

Ambas lineas son interesantes y llevan a derrotar el argumento por falta de justificación suficiente. No obstante creo que la tarea crítica debería centrarse en la primera de las mencionadas, pues su caída hace innecesaria toda crítica ulterior. La posibilidad de realizar estas afirmaciones esta dada por el análisis realizado previamente, lo que demuestra su importancia a la hora de evaluar las razones que se dan en apoyo de cualquier tipo de afirmación.


8. Evaluación de argumentos y argumentaciones. Una vez identificados los argumentos debemos preguntarnos sin son correctos o incorrectos, si son buenos argumentos. Esta pregunta nos lleva a evaluar una argumentación de una manera distinta de la que formulámos en el final del punto anterior. Allí identificamos las premisas (algunas de ellas tácitas o presupuestas) y mostramos que la verdad de alguna de ellas era sumamente controvertible. Lo que hacemos cuando preguntamos por la corrección de un argumento no es tratar de determinar la verdad de sus premisas, sino que lo sometemos a crítica en cuanto argumento, con cierta independencia del contenido de sus premisas y su conclusión. Es aquí dónde la lógica empieza a jugar un papel determinante.
Un argumento se llama sólido cuando posee dos características: (1) es lógicamente correcto, y (2) está formado por premisas verdaderas. La verdad de las premisas es una cuestión que depende de aquello sobre lo que se esté argumentando, no es algo sobre lo que la lógica tenga nada que decir en términos generales. La lógica constituye una herramienta importante para esa tarea sólo de forma indirecta, porque nos sirve de guía para reconstruír un argumento, identificando con precisión todas sus premisas, incluso aquellas que no fueron expresamente formuladas por el argumentador. Pero una vez hecho esto, la lógica nada puede aportarnos a los efectos de determinar la verdad o falsedad de las mismas. Para esto deberemos acudir a los expertos en el área sobre la que verse la argumentación que se pretenda evaluar.
La lógica es la disciplina que se encarga de estudiar y sistematizar las reglas que permiten determinar la corrección o incorrección de un argumento, cualquiera sea el tema sobre el que traten sus premisas y su conclusión. Existen distintos tipos de argumentos, pero la distinción más importante que cabe realizar es entre argumentos deductivos y argumentos inductivos. Los argumentos deductivos son aquellos cuya validez se puede demostrar empleando las técnicas de la llamada lógica formal. Un argumento deductivo o válido es aquel que permite afirmar que, en caso de que sus premisas sean verdaderas, su conclusión es necesariamente verdadera. No es posible concebir un argumetno deductivo o válido que teniendo premisas verdaderas tenga una conclusión falsa. Los argumentos inductivos son todos aquellos que no pueden ser considerados argumentos deductivos, esto es, son aquellos argumentos cuya forma lógica no garantiza necesariamente que partiendo de premisas verdaderas obtengamos siempre una conclusión también verdadera. Los argumentos inductivos son por definición argumentos inválidos (no deductivos), pues el apoyo que brindan a su conclusión depende en parte de la verdad de sus premisas. Sin embargo no todos los argumentos inductivos son iguales, hay buenos argumentos inductivos y tambien los hay malos. La lógica informal se encarga de catalogar y explicar aquellos argumentos que son malos argumentos inductivos (falacias) a pesar de que a simple vista puedan llegar a pasar por buenos argumentos. La lógica inductiva aspira a reconstruír una noción adecuada de “argumento inductivo correcto” que sea independiente de la verdad de sus premisas, o al menos de aislar los criterios de corrección de algunas formas muy usuales de argumentos inductivos: analogías, abducciones, enumeraciones (o inducciones en sentido estricto), etc. Por último, la lógica jurídica, se encarga de estudiar algunas características distintivas de los argumentos que se utilizan de forma habitual en contextos jurídicos, para determinar si resultan relevantes para determinar su validez (lógica jurídica formal) o su corrección inductiva (lógica jurídica informal).
En un desacuerdo los argumentos que se formulan no sólo deben ser sólidos, sino que además deben ser convincentes. Deben ser capaces de poner término a la disputa, o al menos deben permitir tomar partido por alguna de las opciones fundándose en los argumentos expresados por las partes contendientes. Estos argumentos no sólo deben ser sólidos sino que deben persuadir a quienes van dirigidos. La retórica es la disciplina que históricamente se ha encargado de evaluar el grado de persuasión que posee un argumento o una argumentación. Hay argumentos lógicamente correctos, incluso deductivos, pero que formulados en el seno de una disputa resultan absolutamente incapaces de generar la más mínima convicción en quien los oye. La lógica jurídica, en la medida en que no se identifica exclusivamente con la lógica jurídica formal, también incorpora el estudio de aquellos aspectos que resultan relevantes para evaluar el grado de persuasión que posee un argumento o argumentación en el marco de una disputa jurídica, como parte de lo hemos denominado lógica jurídica informal.

9. Ejercitación. Analice estos otros argumentos tomados del libro de Carl Wellman Morales y Eticas (1975):y determine: (1) la cuestión que trata de resolver el autor; (2) la respuesta que da a la misma (conclusión); (3) las razones que brinda en apoyo de su posición (premisas); (4) los enunciados que no se expresan pero que deben presuponerse para comprender el argumento (premisas tácitas); (5) los argumentos construídos para apoyar algunas de las premisas utilizadas.

3.1 “La pena capital no solo evita que el criminal siga perjudicando a la sociedad, sino que también disuade a otros de cometer actos semejantes. La mayor parte de la gente se siente tentada alguna vez de cometer actos ilegales, pero las personas normales no los llevan acabo normalmente por razones de conciencia o por miedo a la condena publica. Quizás algunas personas necesitan motivos mas poderosos para superar sus impulsos criminales, y sólo los tipos mas duros de castigo pueden mantener a raya las fuertes emociones que causan los mayores crímenes. Puesto que la muerte atemoriza a casi todo el mundo, la pena capital proporciona este saludable motivo. La ejecución de un criminal condenado sirve a los demás como ejemplo de lo que les puede ocurrir si se dejan arrastrar por sus impulsos criminales. Aunque muy pocos criminales han presenciado ejecuciones personalmente, y mucho menos aun las han sufrido, la publicidad que se da al ahorcamiento o electrocución de los asesinos condenados ha hecho que todo el mundo sea consciente de que la amenaza de la pena de muerte no es un gesto vacío. Al estimular el poderoso y profundo miedo inherente a la naturaleza humana, esa conciencia hace desistir a los criminales en potencia de la realización de actos socialmente perjudiciales, que de otra manera hubieran cometido. Puesto que la pena capital algunas veces hace desistir a esos criminales en potencia de llevar a cabo actos socialmente perjudiciales, y puesto que es correcto proteger a la sociedad de actos gravemente perjudiciales, la pena capital es algunas veces correcta.”

3.2 “Mientras que los argumentos de la prevención y de la disuasión miran al futuro e intentan justificar la pena capital apelando al futuro perjuicio que evitan, el argumento de la retribución mira al pasado e intenta justificar la pena capital como respuesta correcta al mal cometido. Dado que la sociedad no estaría justificada si quitara la vida a un criminal como castigo por un delito trivial, la pena capital es el justo castigo de los crímenes mayores. Si una persona ha matado a otra, es justo que de su propia vida a cambio. El secuestro y la violación son también actos tan sumamente incorrectos que la persona que los comete se hace merecedora de un gran castigo: la muerte. La justicia demanda que cada individuo sea tratado por los demás y por la sociedad como merece. La persona que realiza buenos actos debe ser recompensada con el bien, y la que lleva a cabo el mal debe sufrir el mal, cada una en la proporción de mal o de bien que realiza. La concepción de la justicia implícita en este argumento ha sido tradicionalmente ilustrada por la figura de una mujer con los ojos vendados que mantiene una balanza. La mujer tiene los ojos vendados de manera que no pueda reconocer a sus amigos y a sus enemigos y recompensar a los primeros mejor y a los últimos peor de lo que se merecen. La balanza simboliza el elemento del justo castigo, la noción de que el bien y el mal han de ser otorgados en compensación por el bien o el mal realizado. La concepción total es que la justicia exige que cada persona reciba lo que le es debido (a cada cual lo suyo), que reciba una suma de bien o de mal que sea igual al bien o al mal que ha hecho. Aplicado a la pena, esto significa que la pena debería ajustarse al crimen, ser proporcional al crimen, que el mal infringido al criminal condenado debería estar en proporción al grado de perjuicio que ha cometido. Puesto que la única pena que puede igualar a los crímenes mayores es la muerte, puesto que la justicia requiere que el criminal reciba una retribución justa por sus demandas, y puesto que es correcto hacer lo que la justicia requiere, la pena capital es correcta en algunas ocasiones.”

Hipótesis y objetivos

En este punto debemos hacer una reflexión entre exigencias que parecen discordantes en las distintas fuentes consultadas. En algunos casos se alude a las hipótesis de trabajo –respuestas a los problemas planteados-, en otros casos se habla de objetivos de la investigación, y en ciertas ocasiones se mencionan ambos como requisitos de todo proyecto de investigación. Quien ha considerado la cuestión con detalle es Judith Bell, quien afirma que “los proyectos de pequeña escala… no exigirán la comprobación… de las hipótesis… Normalmente basta con una formulación precisa de los objetivos. Lo importante no es tanto si existe una hipótesis, sino si hemos pensado con detalle sobre lo que merece la pena y lo que no merece la pena investigar y en cómo se va a realizar la investigación. Puede ser permisible introducir pequeñas modificaciones en los objetivos a medida que avanza el estudio, pero esto no obvia la necesidad de identificar exactamente al principio qué nos proponemos hacer. Mientras no se complete esta fase, no se puede pensar en una metodología adecuada” (2002: 39-40). En nuestro caso, considero importante incluir en el proyecto de investigación una mención clara a las hipótesis que se pretenden defender como respuesta a los problemas filosóficos que motivan la investigación, así como a los objetivos que se persiguen durante el trabajo. La incorporación de ambos elementos puede hacer más clara la propuesta no solo a sus lectores, sino al propio investigador[1].


NOTAS

[1] Es muy común en los libros de metodología anglosajones la incorporación de cuestionarios de prueba con los que escrutar la viabilidad de un proyecto de investigación. Uno de los más útiles es el que incorpora Allen (1973: 22-27).

El proyecto de investigación

El tratamiento que en la bibliografía especializada se hace de las partes que debe contener un proyecto de investigación varía según la formación de quien escribe y sus experiencias investigadoras previas, pero en líneas generales se pueden detectar grandes zonas de acuerdo[1]. El siguiente fragmento es un buen resumen de lo que la mayoría de las fuentes consultadas consideran indispensable en un proyecto de investigación: “La propuesta debiera tener entre cinco y diez páginas. Debe formular la o las preguntas que usted encarará, las razones de que las preguntas merezcan ser exploradas, sus hipótesis de trabajo (las respuestas que espera encontrar), sus métodos de investigación, y las razones de que haya elegido estos métodos. Debiera colocar notas en su propuesta como lo haría en un artículo de investigación. Buenas notas bibliográficas que hagan referencia al trabajo existente en el tema son importantes.” (Van Evera 2002: 115).
Un trabajo específico que aborda la cuestión de cómo debe estructurarse un proyecto de investigación es el de la profesora María Inés Bringiotti. En él afirma que los requisitos a cumplir son los siguientes: (1) título claro y breve, en el que se aluda al tema de la investigación. Se puede incluir un subtítulo para precisar el tema estrecho dentro una temática más amplia. (2) introducción o resumen, cuyo contenido y tono varía según el tipo de investigación que se lleve a cabo, en el que se señalan en pocas líneas las claves del proyecto que se presenta. (3) marco teórico o conceptual, en el que se deben especificar los trabajos previos realizados sobre el tema, la línea a seguir en la investigación y la definición de los principales términos teóricos a emplear. (4) objetivos de la investigación, divididos en generales y particulares, y nunca en mayor cantidad que cuatro o cinco de cada tipo. Los objetivos particulares apuntan a las acciones que se llevaran a cabo para cumplir con cada uno de los objetivos generales. (5) hipótesis trabajo, o afirmaciones que el investigador espera poder apoyar con el desarrollo de investigación[2]. (6) metodología a emplear, justificando las decisiones y sopesando las alternativas no empleadas[3]. (7) cronograma de actividades, en el que se debe proyectar los distintos tipos de tareas a realizar calculando aproximadamente el tiempo que ocuparán. (8) transferencia de los resultados o impacto del proyecto, en el que se indica brevemente cuál será el aporte teórico y práctico de los resultados de la investigación. (9) bibliografía, en la que se listan las obras consultadas y a consultar en el desarrollo de la investigación.


NOTAS

[1] Se puede considerar que el primer proyecto de investigación formulado se debe a Aristóteles, quien en el libro III (B) de su Metafísica enumera los problemas a los que se propone enfrentar y señala sucintamente la manea en que piensa llevar a cabo su tarea. El resto de los libros que componen la obra constituyen la defensa de las respuestas a las cuestiones enumeradas en ese libro (ver Aristóteles 2000: 117-118).
[2] Sobre los distintos tipos de hipótesis científicas y su tratamiento en el proyecto de investigación ver Balian 1988: 60-66.
[3] El diseño metodológico posee especial importancia en las investigaciones científicas o empíricas, pues el investigador debe optar entre una gran variedad de métodos y enfoques a su disposición, escogiendo aquellos que mejor se adapten a los objetivos que se propone conseguir y a los datos que pretende recoger (Ver las distintas técnicas cualitativas en Valles 1997, y los diferentes métodos cuantitativos en Mayntz, Holm y Hübner 1975). En los trabajos filosóficos el principal método de trabajo suele ser la lectura crítica de fuentes bibliográficas, y no suele haber otras alternativas metodológicas entre las que escoger como sugiere Bringiotti (Cf. Bedau 1996).

El marco teórico

Todo problema se formula desde un conjunto más amplio de creencias, conceptos y supuestos al que se suele denominar el “marco teórico”, “marco conceptual” o “contexto” de la investigación. La imprecisa noción de “marco conceptual” es caracterizada por Hollis como el conjunto de suposiciones y de reglas de procedimiento que sirven para dar sentido a la realidad (o a la experiencia). Constituyen de esta manera una particular visión de la realidad. Como resulta sumamente dificultoso aclarar la noción pues todo intento de esa naturaleza se realiza a su vez desde un marco conceptual determinado, Hollis apela a la siguiente metáfora: ”…En un sentido amplio, vemos que al formular una teoría sobre algo se llega a un conjunto de suposiciones, que abarcan un ámbito más o menos extenso… Si estos marcos de referencia cada vez más amplios estuviesen colocados unos dentro de otros como si se tratase de cajas chinas, el “marco de pensamiento” sería sencillamente la caja de mayor tamaño. Por desgracia, las cosas no resultan tan fáciles…” (1986: 27). Una de las dificultades añadidas a la empresa filosófica es que su objeto de reflexión son los propios marcos conceptuales desde los que pensamos la realidad (Blackburn 2001). Por ello esta noción esta íntimamente relacionada con la caracterización que hagamos de la filosofía como empresa cognitiva. La filosofía se encarga de reflexionar sobre los presupuestos últimos sobre los que descansan nuestras creencias, tratando de permitir su articulación en una unidad consistente que de sentido a la realidad (incluyendo la propia visión de ella). Es por eso que el autor asocia las preguntas abiertas con la labor de la filosofía, pues en ellas se excede el marco de los hechos y de la terminología empleada para conocerlos, para indagar sobre la forma en la que pensamos o conocemos la realidad. “…El hecho de que no podamos dejar a un lado nuestro propio marco conceptual constituye el factor decisivo del pensamiento filosófico” (Hollis 1986: 26).
A pesar de estas dificultades, el investigador que pretende desarrollar su labor en el ámbito de la filosofía debe poner de manifiesto parte del contexto más amplio desde el que formula y da sentido a los problemas de investigación que pretende enfrentar. Para ello debe definir con la mayor precisión posible los conceptos clave que empleará, y dar una visión del contexto en el que se han empleado. El contexto de la investigación alude a los antecedentes que permiten dar sentido al problema, a la larga historia de trabajos previos con los que se ha familiarizado –y también aquellos con los que deberá familiarizarse durante la investigación- para mostrar la relevancia de la pregunta escogida y para poder diseñar la manera en la que piensa fundamentar su respuesta. Dicho brevemente: toda investigación –incluyendo las filosóficas- deben ser colocadas en un contexto, de manera breve y selectiva en una de las partes fundamentales del proyecto de investigación. Dos peligros acechan al investigador a enfrentarse al contexto en el que formula su propuesta: (a) su total ausencia, fruto de la hiperespecialización, o bien (b) su excesivo protagonismo, originado en un enciclopedismo fatuo. En ambos casos los reportes escritos posteriores reflejaran esas faltas del investigador. El equilibrio al que debe aspirar el investigador al redactar el reporte de sus resultados es dedicar un setenta u ochenta por ciento al problema específico que ha decidido tratar, y no más de un veinte o un treinta por ciento al contexto de su investigación (cf. Blaxter, Hughes y Tight 2000: 64). En el proyecto de investigación solo se debe hacer mención al contexto en el que se desarrollará la investigación –pues todavía no hay resultados que aportar sobre los problemas escogidos-, pero en ese caso deben limitarse a aclarar el alcance con el que se emplearán los conceptos centrales con los que se formulan los problemas e hipótesis de la investigación, y a señalar algunos de los trabajos más importantes cuya lectura previa haya influido en la elaboración de la propuesta.

Problemas filosóficos de investigación

Qué se entiende por problema filosófico es una cuestión que admite varias respuestas[1], y que depende fundamentalmente de la concepción de la filosofía desde la que se propongan. He desarrollado la manera en la que entiendo la labor filosófica en la primera parte de mi proyecto docente, al que me remito. No obstante, considero menester agregar algunas consideraciones sobre esta cuestión. Desde el inicio mismo de la filosofía en la antigua Grecia, cuando el misticismo y el racionalismo no se presentaban como algo antitético, su desarrollo esta enlazado a la resolución de problemas. “El nombre con el que las fuentes designan el enigma es “problema”, que originariamente y en los trágicos significa obstáculo, algo que se proyecta hacia delante. Y, de hecho, el enigma es una prueba, un desafío al que el dios expone al hombre. Pero el mismo término “problema” sigue vivo y ocupando una posición central en el lenguaje dialéctico, hasta el punto de que en los Tópicos de Aristóteles significa “formulación de una investigación”, con lo que designa la formulación de la pregunta dialéctica que da inicio a la discusión… Y no se trata sólo de una identidad del término: el enigma es la intrusión de la actividad hostil del dios en la esfera humana, su desafío, de igual modo que la pregunta inicial del interrogador es la apertura del desafío dialéctico, la provocación a la emulación… El enigma al humanizarse, reviste una figura agonística y, por otra parte, la dialéctica surge del agonismo.” (Colli 1994: 67-68).
Existe una relación estrecha entre la idea de “pregunta” y la de “problema”, pero no son coextensivas, pues si bien todo problema es una pregunta, no toda pregunta puede ser considerada un problema. A lo que habría que agregar que no todo problema es un problema filosófico, y la naturaleza de estos últimos también esta en relación con el tipo de preguntas que suelen formular los filósofos[2]. Un problema de investigación es una pregunta relevante en un campo de investigación, una pregunta que requiera de una investigación para ser contestada y cuya respuesta sea considerada un aporte importante para el conocimiento que se tiene del tema. La diferencia entre ciencia y filosofía –y entre investigaciones científicas y filosóficas- esta dada por el tipo de preguntas que se pueden considerar problemas en unas y otras.
Las preguntas cerradas son las que comúnmente pueden dar lugar a la formulación de problemas en las distintas ciencias. Una pregunta se puede considerar cerrada –en términos generales- si se pueden formular las condiciones que harían verdadera o falsa la hipótesis que en ella se encuentra presupuesta (Hollis 1986)[3]. O en términos de Isaiah Berlin: “Dicho de otra manera: sabemos en dónde buscar una respuesta; sabemos qué origina que una respuesta sea plausible, en tanto que otra no lo sea” (1992: 28)[4]. Siguiendo a Hollis podemos clasificar las preguntas cerradas de acuerdo al grado de conocimiento que poseamos sobre la respuesta que cabe darle de la siguiente manera: (a) completamente cerradas: son aquellas preguntas de las que conocemos la respuesta, por ejemplo, “¿Por qué circula la sangre en el interior del cuerpo de una rata?; (b) casi del todo cerradas o semicerradas, cuando no sabemos la respuesta pero sí como hallarla, como en la pregunta ¿Cuántos dientes tiene la rata X de nuestro laboratorio?; y (c) preguntas en principio cerradas, categoría con límites difusos y que alude a aquellas cuestiones frente a las que no poseemos técnicas para hallar la respuesta, pero que en caso de tenerlas sabríamos perfectamente que es lo que deberíamos hacer para dar con ella, por ejemplo ¿Cuál es la composición química de los gases de la atmósfera del tercer planeta en la órbita de Qatar –estrella ubicada a 10.000 años luz de la tierra? Dentro de las preguntas semicerradas y en principio cerradas es donde se pueden ubicar los principales problemas científicos sobre los que cabe investigar en la actualidad.
La filosofía se caracteriza por plantear otro tipo de preguntas. Son las llamadas preguntas abiertas. Ellas surgen porque nuestro conocimiento científico y ordinario resulta incompleto o, en el caso de las preguntas filosóficas, porque las distintas afirmaciones que por separado nos resultan plausibles una vez puestas todas juntas dan lugar a inconsistencias o aporías (Rescher 1995). “… Las preguntas abiertas ponen en tela de juicio las reglas mediante las cuales decidimos qué es lo que vamos a creer” (Hollis 1986:20). Las preguntas abiertas no buscan nueva información sobre la realidad, sino que cuestionan la forma misma en la que pensamos y planteamos preguntas cerradas sobre la realidad. Estas preguntas constituyen un cuestionamiento al propio marco conceptual desde el que se formulan las preguntas -incluso las propias preguntas abiertas-. Por ejemplo, la pregunta ¿Qué relación existe entre las palabras y la realidad a la que se refieren? Los problemas filosóficos son una subclase de las preguntas abiertas. Berlin los caracteriza de la siguiente manera:”La única característica común que todas esas preguntas parecen tener es que no pueden contestarse, ni mediante la observación, ni a través de un cálculo, ni por métodos inductivos, ni mediante la deducción; y, a modo de corolario fundamental de todo esto, que quienes las formulan se enfrentan desde el principio a una perplejidad: no saben adónde acudir para hallar las respuestas; no hay diccionarios, enciclopedias, compendios de conocimientos, ni especialistas, ortodoxias, a los que se pueda recurrir confiadamente como a poseedores de autoridad o conocimientos indiscutibles en estas cuestiones. Además, algunas de estas preguntas se distinguen por su carácter de generales, y por tener que ver con cuestiones de principio; en tanto que otras, aun cuando en sí mismas no sean generales, muy fácilmente plantean cuestiones de principio o conducen a las mismas. A tales preguntas se les suele llamar filosóficas.” (Berlin 1992). En un proyecto de investigación sobre algunas de las cuestiones que preocupan a la filosofía del derecho, es indispensable que se señale no solo el tema estrecho en el que se ubica la propuesta, sino también el problema o problemas filosóficos que serán el punto de partida de la investigación y, lo que es más importante, el investigador tiene que señalar donde y cómo piensa hallar la respuesta.


NOTAS

[1] Ver por ejemplo la entrada “problema” en el Diccionario de Filosofía de Ferrater Mora (1994: 2697-98) en la que se pueden encontrar distintas acepciones del término, así como diferentes formas de entender su relevancia en el ámbito filosófico.
[2] La importancia que la formulación de los problemas tiene para la filosofía es innegable, y su relación con el tipo de preguntas que caracterizan la labor filosófica también es una manera muy común de enfocar la explicación de cuál es el objetivo de la filosofía, para diferenciarlo de las ciencias naturales y sociales (ver, a modo de ejemplo, Berlin 1992: 27-42; y Hollis 1996: 13-19). Bergson afirmaba que un problema bien planteado era sinónimo de problema resuelto. Esta visión optimista puede aplicarse sin lugar a dudas en los dominios de la ciencia, pero en filosofía la perspectiva de hallar la solución a sus problemas resulta una cuestión mucho más controvertida. Ver, por ejemplo, el análisis de los desacuerdos filosóficos y de la naturaleza pluralista de la filosofía que defiende Rescher (1995).
[3] Toda pregunta presupone una afirmación. Esta es la base del análisis de la semántica de las preguntas y respuestas (Belnap 1966, Hintikka 1976), y del estudio de las llamadas “preguntas cargadas” en lógica informal (ver Walton 1989).
[4] “Las preguntas cerradas son aquellas que –por difíciles e importantes que sean- tienen respuestas que lo único que hacen es añadirse a la información que ya poseemos” (Hollis 1986: 20).

Tema y problema de investigación

Es menester distinguir dos nociones que muchas veces mueven a error a quienes se proponen redactar un plan de investigación. Me refiero a los términos “tema” y “problema”. El tema sobre el que se investigará no es el que define la identidad del proyecto de investigación, pues sobre un tema se pueden plantear distintos problemas, de naturaleza muy diversa. Un problema es una pregunta significativa, relevante en un área de conocimiento -o sobre un tema-, que justifica la realización de una investigación para poder hallarle una respuesta o solución. Sobre un tema, como el aborto, por ejemplo, se pueden plantear dos problemas muy distintos como: (a) ¿Es moralmente correcto el aborto en algunas ocasiones?, y (b) ¿Es constitucional la legislación penal que castiga el aborto en el sistema jurídico X? En el primer caso estamos ante una investigación filosófica, enmarcada en el ámbito de la filosofía moral, mientras que para responder a la segunda se debe llevar a cabo una investigación jurídica, ubicada en los dominios del derecho constitucional y del derecho penal de un país determinado en un tiempo dado. Son dos problemas diferentes sobre un mismo tema, prueba de ello es que sus respuestas son lógicamente independientes, esto es, la adopción de una respuesta a cualquiera de estas preguntas no condiciona la respuesta que cabe dar a la restante. Al formular un proyecto de investigación se debe señalar el tema sobre el que se pretende profundizar en el conocimiento, pero lo más importante es plantear con mucha claridad el problema de investigación y justificar por qué resulta relevante para la disciplina resolverlo. La identidad y significación del proyecto depende del problema escogido y de su importancia. Para que el proyecto de investigación conduzca a una investigación reconocible como parte de la filosofía –en nuestro caso de la filosofía del derecho-, es menester formular como problema un problema filosófico[1].

NOTAS

[1] Lo que puede entenderse como problema filosófico, y hasta la misma posibilidad de que existan dichos problemas, es materia de profundas discusiones en el ámbito de la filosofía. Como muestra de ello se puede ver la reconstrucción de la discusión acaecida durante el breve encuentro que sostuvieron Wittgenstein y Popper que ofrecen Edmons y Eidinow en su libro El atizador de wittgenstein. Una jugada incompleta (2001).

El rigor y la originalidad de la investigación


Rigor. Los criterios con que se evalua el rigor al que debe aspirar toda investigación depende del tipo de estudio que se pretenda llevar a cabo. No es lo mismo hablar de una investigación rigurosa en ciencia experimental que en filosofía. En aquella, precisar con detalle los experimentos realizados y los resultados obtenidos, asi como la interpretación que cabe darles, dando la posibilidad de esa manera a cualquier otro investigador de poner a prueba las afirmaciones constituyen criterios que permiten calificar de riguroso a un trabajo de investigación de ese tipo. En filosofía, donde las interpretaciones de los textos y las argumentaciones desarrolladas ocupan el centro de la escena, el rigor se manifiesta identificando con precisión las fuentes empleadas, interpretando los textos de nuestros adversarios y de quienes nos apoyan de manera caritativa y no forzada, y desarrollando argumentaciones sólidas (Cf. Bedau 1996). La posibilidad de que sus resultados sean controlados de manera intersubjetiva debe estar presente en toda investigación, no importa la naturaleza de la empresa cognoscitiva en la que se enmarque. Según Phillips y Pugh hay tres características que distinguen una buena investigación de otras actividades relacionadas con ella como la recopilación de información o la toma de decisiones: (1) la investigación esta basada en un sistema de pensamiento abierto, lo que significa que el investigador no se considera en posesión de las respuestas correctas sino de las preguntas adecuadas, y que ningún aspecto del saber tradicional esta a salvo de la revisión y el escrutinio crítico; (2) los investigadores deben trascender la mera descripción y analizar críticamente los datos que recogen; y (3) los investigadores deben generalizar sus resultados y al mismo tiempo especificar cuáles son los límites de sus generalizaciones (ver Phillips y Pugh 2001: 67-69). Ser consciente de los límites de la tarea a realizar –o realizada según el caso- y comunicarlos junto a sus resultados es uno de los indicadores más importantes para medir el rigor de una propuesta de investigación, no importa el tipo de investigación de que se trate[1].

Originalidad. La originalidad en un proyecto de investigación puede significar muchas cosas. Un error muy común en investigadores poco experimentados es considerar que la originalidad solo puede significar realizar un trabajo empírico no realizado nunca antes, o registrar por primera vez por escrito una información novedosa de vital importancia, o explorar áreas de conocimiento y plantear problemas que los especialistas jamás examinaron. Resulta claro que si se llevan a cabo algunas de las tareas antes descritas, el trabajo resultante será sumamente original. Pero no es necesario llegar a esos extremos. Un trabajo de investigación puede ser original por su tema, por su enfoque, por su presentación o por el contexto en el que se plantea. Es original continuar un trabajo original, propio o ajeno. O mostrar originalidad al someter a prueba las ideas de otro. También lo es realizar una síntesis que no se llevo a cabo anteriormente, o interpretar de manera novedosa un material muy conocido. Incluso resulta original ensayar en un país algo que sólo se experimentó en otros, o utilizar una técnica muy conocida en un área de conocimiento pero aplicada en otra diferente. En otras palabras, la exigencia de originalidad de la investigación no debe paralizar al investigador, quien debe obrar confiado en que, si realiza un trabajo honesto, simpre habrá algo original en su proyecto. El desafío cuando uno elabora un proyecto de investigación, es reflexionar y poner en evidencia en qué sentido su trabajo puede ser considerado original, y para ello es muy importante tener en cuenta las características específicas del área en el que se propone desarrollar las labores de investigación planeadas[2].
En nuestro caso, dado que debemos elaborar un proyecto de investigación en el área de filosofía del derecho, resulta relevante analizar como se pone de manifiesto la originalidad en los trabajos filosóficos en general. Nicholas Rescher sostiene que hay siete formas al menos en las que se pone de manifiesto la capacidad inventiva en un trabajo de filosofía: “… (1) Identificar asuntos fructíferos: proponer ideas y tópicos filosóficamente interesantes. (2) Plantear nuevas preguntas: discernir contradicciones y encontrar grupos aporéticos… Avistar nuevos problemas y asuntos que valgan la pena, que surjan de los nuevos refinamientos introducidos para abordar viejos problemas. (Nótese que la novedad es aquí un asunto de grado; siempre debe haber algunas conexiones con los asuntos preexistentes.) (3) Diseñar respuestas verosímiles: sostener nuevas tesis; construir nuevas teorías para responder a las nuevas preguntas que han venido a figurar en la agenda. (4) Verificar soluciones: diseñar argumentos para apoyar las tesis que nos proponemos aceptar como elementos de nuestra posición. (5) Trazar distinciones: introducir discriminaciones que nos permitan encontrar nuestra salida de situaciones aporéticas mediante refinamientos teóricos apropiados. (6) Proyectar nuestras concepciones: considerar nuevas posibilidades y elucidar sus relaciones e implicaciones. (7) Construir sistemas: consolidar cada uno de nuestros compromisos con referencia a otros, garantizando la coherencia y consonancia de las respuestas actuales con aquellas que nos inclinamos a dar a otras cuestionasen otras ocasiones…” (1995: 111-112). En este caso también encontramos dosis diferentes de originalidad. Es un error de muchos investigadores novatos proponerse como primer trabajo de investigación la elaboración de nuevas teorías sobre un campo temático o en casos extremos la erección de complejos y novedosos sistemas de pensamiento. Pero la mayoría de los trabajos interesantes que se publican en filosofía y filosofía del derecho se proponen cotas de originalidad mucho más modestas –y no por ello son menos importantes, sino más bien todo lo contrario-[3].


NOTAS

[1] La forma de clasificar los tipos de investigación varía según los distintos autores que tratan la cuestión. Comparar, por ejemplo lo que dicen al respecto Booth, Colomb y Williams (2001), Blaxter, Hughes y Tight (2000), y Phillips y Pugh (2001).
[2] Phillips y Pugh (2001: 83-85) presentan una lista con quince distintas definiciones de “originalidad”, que pueden ser empleadas según el contexto y el tipo de investigación a realizar. Sobre las diversas formas que puede asumir la originalidad que se exige a un proyecto de investigación, ver también Blaxter, Hughes y Tight 2000: 37-40.
[3] “La complejidad del filosofar da cuenta así de que hay lugar para contribuciones muy diferentes, que van desde el trabajo detallado de refinar las distinciones y pulir los argumentos, al más alto nivel de las nuevas tesis y teorías diseñadas por los grandes maestros innovadores.” (Rescher 1995: 112).

¿Qué es investigar?

Investigar. Según el Diccionario de la Real Academia Española “investigar” tiene dos acepciones (ambas derivadas del latín investigare): (a) Hacer diligencias para descubrir una cosa, y (b) realizar actividades intelectuales y experimentales de modo sistemático con el propósito de aumentar los conocimientos sobre una determinada materia. En el Diccionario Oxford Abreviado para la lengua inglesa, también se dan dos acepciones para el término: (a) acto de búsqueda (detallada o cuidadosa) para o tras una cosa o persona específica, y (b) actividad dirigida hacia el descubrimiento de algún hecho mediante un metódico y minucioso estudio de un tema (Orna y Stevens 2001: 15). En ambos casos se resaltan ciertos aspectos de la actividad: la búsqueda, su carácter metódico o sistemático, y el objetivo de descubrir algo que no se sabía previamente. Phillips y Pugh (2001) comienzan con una definición de sentido común aún más simple, para luego ir refinándola a lo largo de su exposición. “… Investigar es descubrir algo que no se conoce. Esta respuesta es demasiado amplia y a la vez demasiado restringida. Es demasiado amplia porque incluye muchas actividades que no consideramos propias de la investigación: por ejemplo, averiguar cuándo sale el próximo tren a Londres… Al mismo tiempo… es demasiado restringida pues buena parte de la investigación no consiste en “descubrir algo que no se conoce”, sino en “descubrir que no se sabe algo”. En virtud de este tipo de investigación reorientamos nuestro pensamiento, replanteamos lo que creemos saber y nos centramos en nuevos aspectos de nuestra compleja realidad.” (Phillips y Pugh 2001: 65)[1]. Según Blaxter, Hughes y Tight se pueden distinguir muchos tipos de investigación, pero lo que es común a todas ellas es que "todas son, o tienden a ser, una manera planificada, cautelosa, sistemática y confiable de descubrir o profundizar en el conocimiento" (2000: 24). La última definición breve que recogere es la que proponen Booth, Colomb y Williams: “Investigación es simplemente recoger la información que se necesita para responder una pregunta y así contribuir a resolver un problema” (2001: 25).
Teniendo en cuenta los distintos aspectos que se resaltan en las definiciones consideradas anteriormente, emplearé la expresión “investigación” en este proyecto para aludir a una actividad planificada, rigurosa, original, cuyo objetivo es resolver un problema de investigación profundizando al hacerlo en el conocimiento que se posee sobre un tema específico. Si analizamos por separado cada una de las características definitorias mencionadas, tendremos una idea más clara de lo que entendemos por investigación y surgirán las pautas que permitirán organizar un proyecto de investigación.

Actividad. La investigación es una actividad, eso significa que su dominio requiere un saber-hacer y no un saber-proposicional. No se puede aprender a investigar leyendo libros sobre metodología de investigación, sino que se trata de una habilidad que solo se puede desarrollar experimentando al mismo tiempo que se reflexiona sobre dicha experiencia. Investigar es equiparable, en ese sentido, a andar en bicicleta. No se puede aprender sin llevar a cabo la actividad mientras se aprende. Por ello es tan importante que el docente, para poder enseñar a investigar, sea al mismo tiempo un investigador competente[2]. Y también por ello, quien presenta un proyecto de investigación, debe acreditar la viabilidad de su propuesta mostrando como se enlaza con su actividad investigadora previa. Una parte importante del proyecto investigador debe estar destinada a mostrar como el nuevo plan de investigaciones se relaciona con los trabajos de investigación realizados previamente. No se puede evaluar la viabilidad de un proyecto de investigación en abstracto, sino que se debe tener presente quién es el investigador que lo piensa llevar a cabo y cuál es su experiencia y su formación previa en esa tarea.

Planificación. La planificación es un elemento fundamental en la labor de investigación. Pero su relevancia y pertinencia varían según la etapa en la que se encuentre la investigación. Se pueden distinguir de manera analítica once fases en todo proceso de investigación: (1) determinación de un tema estrecho de investigación, (2) realización de una amplia y selecta lectura crítica sobre dicho tema, (3) identificación del problema o problemas de investigación a resolver, (4) formulación de una respuesta tentativa o hipótesis de investigación como respuesta al problema elegido, (5) elaboración del diseño metodológico de la investigación, que debe ajustarse al tipo de objeto que se investigará, (6) redacción de un plan de investigación (o proyecto de investigación), primera etapa en la que el investigador debe planificar sus actividades antes de llevarlas a la práctica, (7) cumplimiento del plan o investigación propiamente dicha, (8) elaboración de un plan del reporte escrito en el que se darán a conocer los resultados de la investigación, esta es la segunda etapa en la que el investigador debe planificar expresamente sus tareas antes de llevarlas a cabo, (9) redacción del primer borrador del reporte escrito, siguiendo el plan de redacción, (10) realización de al menos tres revisiones sobre el borrador: profunda, de contenido y de forma, y (11) redacción final del reporte escrito[3]. La presentación secuencial de estos once pasos reconstruye de forma lógica el proceso de investigación, pero no pretende ser una descripción de cómo lleva a cabo su tarea el investigador. Esto significa que toda investigación obliga al investigador a pasar por estas once etapas, pero nada lo obliga a hacerlo en este orden ni tampoco como si se tratara de compartimentos estancos. La forma más adecuada de graficar el proceso real de investigación no es de manera lineal, sino como una espiral, en la que el investigador puede comenzar con cualquiera de las etapas pero su realización lo llevara necesariamente a pasar por las restantes, e incluso a volver a considerar fases anteriores en cualquier momento del proceso (ver Blaxter, Hughes, y Tight 2000: 30)[4].
Esta descripción del proceso de investigación nos permiten identificar dos momentos en los que se debe redactar un plan o proyecto antes de seguir adelante: uno antes de iniciar la investigación propiamente dicha, y otro antes de comenzar la redacción del reporte de resultados.

NOTAS

[1] Tanto Booth, Colomb y Williams (2001) como Walker (2000) emplean definiciones similares, pues consideran relevante señalar que la investigación es algo que los seres humanos hacemos constantemente en todos los ámbitos de nuestras vidas, y no sólo en el marco de la vida académica.
[2] Ver el análisis del modelo del profesor investigador que propone Judith Bell en su libro sobre investigación en la educación (2002: 21-22).
[3] Estas etapas pueden agruparse o presentarse de distinta manera, como hace Giddens, por ejemplo, quien señala ocho etapas en todo proceso de investigación (2000: 682) o los distintos gráficos que reproducen Blaxter, Hughes y Tight (2000: 28-30).
[4] Giddens, que también adopta una presentación secuencial de las etapas del proceso de investigación, afirma en el mismo sentido: “La secuencia anterior es una versión simplificada de lo que ocurre en los proyectos de investigación cuando éstos se llevan a cabo… La diferencia es similar a la que existe entre las recetas de un libro de cocina y el proceso real de preparación de un plato. Los cocineros con experiencia suelen cocinar prescindiendo totalmente de las recetas, pero sus resultados pueden ser mejores que los de aquéllos que siguen las instrucciones. Seguir un modelo al pie de la letra puede resultar muy limitado…” (2000: 681).

5 dic. 2008

La lógica de James Bond

En el artículo de Jerold Abrams “The epistemology of James Bond: The logic of abduction” (2008) se afirma que Bond es sobre todo un detective, que emplea como forma típica de razonamiento lo que Charles Peirce denominó “abducción”. Lo hace tanto para encontrar a sus rivales como para dejarles pistas falsas para que caigan en sus trampas. Para poder evaluar la plausibilidad de la tesis de Abrams deberíamos poder reconstruir los argumentos que emplea el agente británico en sus películas.

Sin embargo, James Bond no suele teorizar sobre sus métodos de investigación. Lo que resulta una dificultad importante a la hora de intentar reconstruirlos. Pero existe un personaje de ficción famoso por sus dotes de investigador que sí se ha explayado sobre la naturaleza de sus métodos: Sherlock Holmes. En el siguiente fragmento podemos apreciar la forma en la que le explica al azorado Watson cómo ha descubierto el país en el que había estado viviendo. La cita está tomada de la primera novela protagonizada por el famoso detective: Estudio en escarlata.

"Yo descubrí que usted había venido del Afganistán. Por la fuerza de un largo hábito, el curso de mis pensamientos es tan rígido en mi cerebro, que llegué esa conclusión sin tener si quiera conciencia de las etapas intermedias. Sin embargo, pasé por esas etapas. El curso de mi razonamiento fue el siguiente: "He aquí a un caballero que responde al tipo del hombre de Medicina, pero que tiene un aire marcial. Es, por consiguiente, un médico militar con toda evidencia. Acaba de llegar de países tropicales, porque su cara es de un fuerte color oscuro, color que no es el natural de su cutis, porque sus muñecas son blancas. Ha pasado por sufrimientos y enfermedad, como lo pregona su cara macilenta. Ha sufrido una herida en el brazo izquierdo. Lo mantiene rígido y de una manera forzada... ¿En qué país tropical ha podido un médico del Ejército inglés pasar por duros sufrimientos y resultar herido en un brazo? Evidentemente, en el Afganistán." Toda esa trabazón de pensamientos no me llevó un segundo. Y entonces hice la observación de que usted había venido del Afganistán, lo cual lo dejó asombrado."

CONSIGNAS DE TRABAJO
(1) Identifique algún segmento de la última película de James Bond Quantum of Solace en la que el famoso espía utilice sus dotes de investigador para seguir la pista de los villanos o en la que la emplee para dejar pistas falsas a sus rivales.
(2) Reconstruya la argumentación de Sherlock Holmes, explicite las premisas tácitas y evalúe su plausibilidad. Utilice como parámetro lógico la estructura del modus ponens presentada en clase.