10 dic. 2008

La lectura crítica

He aquí algunas técnicas de lectura crítica, ya que debemos diferenciar la lectura que hacemos con fines lúdicos o informativos, de aquella otra necesaria para el desarrollo de un trabajo de investigación académica. La lectura crítica es una actividad que requiere escritura.

1. RESUMENES

Un texto teórico tiene una complejidad que requiere una lectura detenida y repetida para poder captar la intención de su autor, siempre demanda una respuesta creativa e individual por parte del lector.

Una importante ayuda para comprender el trabajo de un filósofo es asentar en forma resumida, con nuestras propias palabras, el argumento del texto, página por página, capítulo por capítulo, desde el principio hasta el fin.

Resumir ayuda a comprender el contenido y la secuencia de ideas de una lectura.

Como es un ejercicio en escritura (no de pensamiento crítico) es útil para hacer una transición entre lectura y escritura.

El resumen debe ser considerablemente más breve que el texto original (1/3 o menos), si se hace más largo es señal de que no se ha comprendido bien como para condensarlo.

Puede ser útil numerar los párrafos en el original y usar esos mismos números para marcar los enunciados en nuestro resumen.

Para ser breve trata de escribir no más de una o dos oraciones por cada párrafo del original.

Cita sólo excepcionalmente y poca extensión. Las citas excesivas llevan a creer que uno entiende más de lo que en realidad ocurre.



2. LAS TESIS DEL AUTOR


La escritura teórica es usualmente escritura argumentativa. El corazón es la tesis del autor, el punto central que intenta defender, explicar, justificar o a veces convencer al lector que crea, basándose en todas las consideraciones racionales que el autor pudo reunir.

Para hallar las tesis del autor hay que dejarse guiar por el título que el autor le puso al texto. Si puede hallar una o dos oraciones en el texto que pongan aquello que el autor puso en el título, es probable que haya hallado la tesis del autor. No confundirse con el tema del texto, que también se expresa en el título.

Tratar de determinar el principal punto que el autor esta tratando de marcar, alrededor del cual giran los ejemplos, analogías, evidencia y detalles ilustrativos.

Trate de presentar la tesis en la forma más precisa y breve que pueda. Fuércese a ponerlo en una sola oración descriptiva.

Atención: si cuesta mucho hallar la tesis del autor, piense que no todo texto filosófico es argumentativo, y sin argumento no se puede hallar la tesis.

En la introducción del libro o artículo el autor suele anticipar la tesis a defender y resumir la estrategia argumentativa que desarrollará en el texto.



3. LOS ARGUMENTOS


1. Identificar y analizar argumentos es la clave de la lectura crítica de un texto. Tanto la crítica como la defensa de una tesis exigen la construcción, identificación y evaluación de argumentos. Los juristas necesitamos, en consecuencia, cierta habilidad para identificar y evaluar argumentos, y también cierta habilidad para construírlos. La habilidad no es algo que se pueda transmitir mediante proposiciones, requiere ejercitacion y práctica al mismo tiempo que se reflexiona sobre la misma. Si bien todos argumentamos a diario no siempre nos hemos puesto a pensar críticamente sobre las complejas cuestiones involucradas en dicha tarea. Esta ficha intenta brindar algunos elementos para comenzar a hacerlo.

2 Definición de argumento. Un argumento es un conjunto de enunciados de los cuales se afirma que hay un subconjunto de dichos enunciados que constituyen las razones para aceptar la verdad de otro de los enunciados que lo componen. A los enunciados que constituyen las razones se los denomina “premisas”, y al enunciado que se pretende apoyar con estas se lo llama “conclusión”. Los “enunciados” son expresiones lingüísticas de las que se puede decir que son verdaderas o falsas porque se proponen informar acerca de algo. El orden en el que aparecen los enunciados en seno de un argumento resulta totalmente irrelevante para su estructura. No existen pautas estrictas para determinar la presencia de un argumento en un fragmento de discurso ni tampoco para identificar sus premisas o su conclusión. Sin embargo esta es la principal tarea que debemos realizar si queremos determinar el grado de apoyo que recibe cualquier afirmación.

3. Ejemplos de argumentos. Para ilustrar lo dicho tomemos los siguientes ejemplos:

1. Un perro estaba encerrado en los establos, y, sin embargo, aunque alguien había estado allí y había sacado un caballo, no había ladrado. Es obvio que el visitante era alguien a quien el perro conocía bien.

2. Si en el ajedrez no hay factores aleatorios, entonces el ajedrez es un juego de pura destreza. En el ajedrez no hay factores aleatorios. Por lo tanto, el ajedrez es un juego de pura destreza.

3. El ajedrez es un juego de pura destreza, porque en el ajedrez no hay factores aleatorios y si en el ajedrez no hay factores aleatorios, entonces el ajedrez es un juego de pura destreza.

4. El gaucho se levanta a la mañana, y mira al horizonte otra vez. Lleva sin dormir una semana, perdio una china de rojo libanés. ¿Qué está pasando? ¿Algo esta cambiando? Siempre era el que apagaba la luz. “¿Qué está pasando?” dice el viejo Armando, mientras hace trampas en el mouse.

¿En cuáles de estos fragmentos podemos identificar la presencia de argumentos? La respuesta es que en (1), (2) y (3) se expresan argumentos, pues en ambos detectamos un intento para que aceptemos la verdad de ciertos enunciados tomando como fundamento otros enunciados.
En el caso (1) lo que se quiere demostrar es la afirmación “el visitante era alguien a quien el perro conocía bien” (conclusión), y se dan como razón o apoyo los enunciados “había un perro en el establo”, “alguien entro al establo y robo un caballo y el perro no ladró” (premisas). Todavía no nos importa determinar si el argumento es bueno o malo, si debemos aceptarlo como una buena razón o no, pues para poder determinar esto tenemos previamente que haber identificado con la mayor precisión posible todos los elementos que deberemos considerar en dicha tarea.
Los casos (2) y (3) encontramos ilustrado lo dicho cuando afirmamos que la presentación lingüística del argumento no es relevante para determinar sus componentes y estructura. En ambos casos se quiere probar que “el ajedrez es un juego de pura destreza” (conclusión), y las razones son “que si en el ajedrez no hay factores aleatorios entonces el ajedrez es un juego de pura destreza” y que “en el ajedrez no hay factores aleatorios” (premisas). Por ende el argumento es el mismo en ambos casos independientemente de las grandes diferencias que podemos detectar a nivel lingüístico entre ambos fragmentos.
El ejemplo (4), por último es un claro ejemplo de fragmento lingüístico, compuesto en gran parte por enunciados y tambien por expresiones que, de acuerdo a nuestra definición, no pueden considerarse enunciados porque no son susceptibles de verdad o falsedad, como son las preguntas. Una pregunta exige cierta respuesta, pero en si misma no puede ser considerada ni verdadera ni falsa.

4. Premisas tácitas. En algunos argumentos pueden darse por sentados ciertos enunciados. Esto significa que quien lo construyo dejo algunas de las afirmaciones necesarias para fundamentar la conclusión sin formular. La tarea de identificación requiere determinar tambien los enunciados tácitos o presupuestos en un argumento, pues los mismos pueden resultar claves a la hora de evaluar su fuerza. A veces se dejan presupuestos enunciados que se consideran evidentes, por una razón de economía estilística, pero en otras ocasiones se encubren de esta manera los aspectos más débiles de un argumento.

Tomemos el ejemplo (1) dado anteriormente:

Premisa 1. “Había un perro en el establo”.
Premisa 2. “Alguien entro al establo y robo un caballo y el perro no ladró”.
Conclusión. “El visitante era alguien a quien el perro conocía bien”.

En este caso podemos detectar la presencia de una premisa tácita, encubierta o presupuesta, pues la misma resulta necesaria para que del conjunto de enunciados explícitamente dado pueda derivar la conclusión propuesta. ¿Cuál es esa información oculta? Sencillamente lo que no se formula es el enunciado “Los perros no suelen ladrarle a aquellas personas a las que conocen bien”, la que puede considerarse de esta manera una premisa tácita del argumento. El argumento, si intentaramos evaluar su fuerza, debería presentarse en realidad de la siguiente manera:

Premisa 1. “Había un perro en el establo”.
Premisa 2. “Alguien entro al establo y robo un caballo y el perro no ladró”.
Premisa 3 (presupuesta o tácita). “Los perros no suelen ladrarle a aquellas personas a las que conocen bien”.
Conclusión. “El visitante era alguien a quien el perro conocía bien”.

Si observamos el resultado veremos que el argumento resulta ahora mucho mejor que en su anterior presentación. Pero lo que nos motiva para detectar este tipo de premisas no es un afán estético. Lo hacemos porque un argumento, para ser considerado un buen fundamento para afirmar la conclusión que se pretende defender con él, necesita partir de premisas verdaderas. Y lo más importante es que todas sus premisas deben ser verdaderas, incluso sus premisas presupuestas.

5. Evaluación de argumentos. Antes de evaluar argumentos, se debe previamente (1) reconocer los razonamientos cuando aparecen; (2) identificar sus premisas y sus conclusiones, y (3) explicitar las premisas tácitas o presupuestas.
La solidez de un argumento depende de dos aspectos: su forma lógica y la verdad de sus premisas. Para mostrar la aceptabilidad de las premisas de las que se parte no queda otro remedio que construír otros argumentos para hacerlo, los que suelen denominarse subargumentos. Cualquier conclusión que se intente demostrar mediante un argumento puede ser aceptada o rechazada no por su contenido específico sino por la solidez de los argumentos y subargumentos en los que se apoya, bastaría con mostrar que alguna de las premisas o subpremisas no puede ser aceptada para rechazar la afirmación que se pretendía extraer de ellas.

6. Definición de argumentación. A un texto en el que encontramos una gran cantidad de argumentos y subargumentos enlazados lo llamaremos “argumentación”, y la principal tarea antes de evaluar cualquier argumentación es identificar con precisión los distintos argumentos y subargumentos que la componen. No hay reglas que nos permitan mecanizar esta tarea (a diferencia de lo que ocurre con el control de la forma lógica de un argumento deductivo). Pueden darse, no obstante, algunos consejos metodológicos.
Lo primero que tenemos que determinar es la estructura general de la argumentación analizada. Lo más frecuente es encontrarse con un conjunto de argumentos y no con uno solo, esto es así pues muchas veces las premisas utilizadas en el argumento principal necesitan ser apoyadas o demostradas, para lo cual se necesitan, como dijimos, construír subargumentos. Una forma de iniciar la tarea de análisis es tratar de determinar cuál es la pregunta a la que la conclusión del argumento intenta dar una respuesta, o lo que es lo mismo, cuál es el problema que se intenta resolver mediante la argumentación o cuál es la cuestión objeto de la disputa en el marco de la que se argumenta.

7. Un ejemplo de argumentación. Tomemos el siguiente ejemplo, que aunque dista de tener toda la complejidad que poseen normalmente las argumentaciones en lenguaje natural, presenta mayores inconvenientes que los ejemplos simples presentados anteriormente.


“La pena capital se justifica moralmente algunas veces como un medio de prevenir la reiteración del delito por parte del criminal. Por sus actos pasados el criminal se ha mostrado vicioso y peligroso. Es muy probable que cualquier persona lo suficientemente depravada como para matar o violar actúe de nuevo de una forma socialmente perjudicial. La única manera segura de prevenir que tal persona asesine, rapte o viole de nuevo en el futuro es ejecutarla. La prisión esta lejos de ser el medio más efectivo para proteger a la sociedad, y más bien es un medio muy poco eficaz para protegerla de los criminales peligrosos. La mayor parte de los presos son liberados después de un cierto tiempo -a menudo más peligrosos que cuando ingresaron- simplemente bajo palabra, por amnistía o por expiración de su condena. Además, la fuga siempre es posible, en cualquier caso. E incluso dentro de los limites de la prisión, un criminal condenado puede matar o secuestrar a un guardián, a un compañero o a un visitante. Ejecutar a un criminal condenado es la única manera segura de impedir que cometa otros actos criminales. Dado que es correcto proteger a los miembros inocentes de la sociedad de los crímenes y delitos, también será correcta en algunas ocasiones la pena capital.” (Wellman, Carl, Morales y Eticas, Madrid, Tecnos, 1982).

En el ejemplo podemos definir el problema que se plantea el autor de la siguiente manera: ¿Está la pena capital moralmente justificada en alguna ocasión? Este primer paso es crucial, pues de el dependerá la reconstrucción que hagamos del argumento, así como la evaluación respecto a la pertinencia o relevancia de las premisas aportadas como razones. Si en vez de definir el problema como lo hemos hecho, creemos que en realidad el autor intenta responder a la pregunta: ¿Sirve la cárcel para evitar la reiteración delictiva?, tendremos una visión totalmente diferente de la argumentación, y muchos enunciados que son premisas en el punto de vista adoptado en un principio, pasan a ser enunciados superfluos en la nueva reconstrucción. En nuestro ejemplo, la respuesta del autor es clara: la pena de muerte está moralmente justificada en algunas ocasiones.
No hay reglas inflexibles y unívocas para interpretar y reconstruír las argumentaciones, pero tenemos que tratar de elegir la alternativa interpretativa que (a) respete en la medida de lo conocido la intención del autor; (b) nos permita dar cuenta de la mayor cantidad de enunciados que componen la argumentación; (c ) que presente la versión más poderosa o fuerte de la posición del autor. Los enunciados presentes en el ejemplo son los diez siguientes:

1. La pena capital se justifica moralmente algunas veces como un medio de prevenir la reiteración del delito por parte del criminal.
2. Por sus actos pasados el criminal se ha mostrado vicioso y peligroso.
3. Es muy probable que cualquier persona lo suficientemente depravada como para matar o violar actúe de nuevo de una forma socialmente perjudicial.
4. La única manera segura de prevenir que tal persona asesine, rapte o viole de nuevo en el futuro es ejecutarla.
5. La prisión esta lejos de ser el medio más efectivo para proteger a la sociedad, y más bien es un medio muy poco eficaz para protegerla de los criminales peligrosos.
6. La mayor parte de los presos son liberados después de un cierto tiempo -a menudo más peligrosos que cuando ingresaron- simplemente bajo palabra, por amnistía o por expiración de su condena.
7. Además, la fuga siempre es posible, en cualquier caso.
8. E incluso dentro de los limites de la prisión, un criminal condenado puede matar o secuestrar a un guardián, a un compañero o a un visitante.
9. Ejecutar a un criminal condenado es la única manera segura de impedir que cometa otros actos criminales.
10. Dado que es correcto proteger a los miembros inocentes de la sociedad de los crímenes y delitos, también será correcta en algunas ocasiones la pena capital.

¿Cuál es el argumento principal? Es aquel que tiene como conclusión la respuesta al problema planteado por el autor del fragmento. En este caso podemos reconstruírlo como sigue, detectando de paso las premisas implícitas [PI] en el mismo:

1. Es correcto proteger a los miembros inocentes de la sociedad de los crímenes y delitos.
2. Se protege a los miembros inocentes de la sociedad de los crímenes y delitos evitando que aquellos que ya delinquieron puedan volver a hacerlo. [PI]
3. La unica manera segura de prevenir que un delincuente que se ha mostrado vicioso y peligroso vuelva a delinquir es ejecutarlo.
4. Una pena esta moralmente justificada si es el medio más seguro para prevenir la reiteración del delito por parte del criminal. [PI]
5. Por lo tanto, la pena capital esta justificada moralmente en algunas ocasiones.

Las premisas implícitas no son objeto de una defensa abierta en el fragmento por lo que nunca podremos detectar subargumentos en su apoyo. En cambio, cada una de las premisas explícitas debería estar apoyada por otras razones, a menos que se las considere indiscutibles. Sin embargo no siempre se dan asi las cosas, en nuestro ejemplo podemos ver como todo el esfuerzo argumentativo esta puesto en la construcción de subargumentos en apoyo de la premisa 3., dejando a la premisa 1. sin ningun tipo de apoyo racional. Pero encontramos, en cambio, un conjunto de argumentos tendientes a apoyar algunas de las premisas de los subargumentos detectados. Deberiamos llamarlos sub-subargumentos, pero nos referiremos a ellos con la denominacion generica de subargumento, especificando en cada caso el enunciado al que brindan apoyo. Frente a cada subargumento corresponde realizar el mismo análisis, incluso la detección de subpremisas implícitas [SPI].

1. Subargumento en apoyo de la premisa 3: (a) Es muy probable que una persona capaz de cometer delitos graves actúe de nuevo de una forma socialmente perjudicial. (b) La función de las penas es proteger a la sociedad evitando que los delincuentes puedan actuar de nuevo de una forma socialmente perjudicial.[SPI] (c ) La prisión es un medio muy poco eficaz para proteger a la sociedad de los criminales peligrosos. (d) Sólo se puede proteger a la sociedad de los criminales peligrosos enviándolos a prisión o ejecutándolos.[SPI]. Por lo tanto, la única manera segura de prevenir que tal persona delinca de la misma manera en el futuro es ejecutarla.

2. Subargumento en apoyo de la subpremisa (c): La mayor parte de los presos son liberados después de un cierto tiempo, a menudo más peligrosos que cuando ingresaron. La fuga de una prisión es siempre posible. Dentro de los límites de la prisión un condenado puede volver a delinquir. Si una persona cometió un delito es muy probable que vuelva a delinquir .[SPI]. Se protege a la sociedad evitando que los delincuentes puedan cometer nuevos delitos.[SPI]. Por lo tanto, la prisión es un medio muy poco eficaz para proteger a la sociedad de los criminales peligrosos.

Este análisis nos permite trazar hipotéticamente las siguientes líneas de crítica, alguna de las cuales deberemos desarrollar si es que no queremos aceptar la terrible conclusión del argumento analizado:

[1] Una primera línea de crítica puede establecerse a partir de la constatación de que la base del argumento es la teoría de la justificación de la pena que aparece subyacente en la premisa implícita 4., y que corresponde a las denominadas teorías de la prevención especial, ampliamente discutidas en filosofía del derecho penal.
[2] Pero aún si se aceptara tal teoría justificadora de la pena o no se quisiera ingresar en dichas cuestiones, deberían darse razones adicionales para aceptar las premisas (a) y (d) con las que se intenta demostrar la premisa 3., y también para aceptar la premisa implícita con que se refuerza la premisa (c), a saber el enunciado “sólo se puede proteger a la sociedad de los criminales peligrosos enviándolos a prisión o ejecutándolos”, cuya aceptación es altamente discutible.

Ambas lineas son interesantes y llevan a derrotar el argumento por falta de justificación suficiente. No obstante creo que la tarea crítica debería centrarse en la primera de las mencionadas, pues su caída hace innecesaria toda crítica ulterior. La posibilidad de realizar estas afirmaciones esta dada por el análisis realizado previamente, lo que demuestra su importancia a la hora de evaluar las razones que se dan en apoyo de cualquier tipo de afirmación.


8. Evaluación de argumentos y argumentaciones. Una vez identificados los argumentos debemos preguntarnos sin son correctos o incorrectos, si son buenos argumentos. Esta pregunta nos lleva a evaluar una argumentación de una manera distinta de la que formulámos en el final del punto anterior. Allí identificamos las premisas (algunas de ellas tácitas o presupuestas) y mostramos que la verdad de alguna de ellas era sumamente controvertible. Lo que hacemos cuando preguntamos por la corrección de un argumento no es tratar de determinar la verdad de sus premisas, sino que lo sometemos a crítica en cuanto argumento, con cierta independencia del contenido de sus premisas y su conclusión. Es aquí dónde la lógica empieza a jugar un papel determinante.
Un argumento se llama sólido cuando posee dos características: (1) es lógicamente correcto, y (2) está formado por premisas verdaderas. La verdad de las premisas es una cuestión que depende de aquello sobre lo que se esté argumentando, no es algo sobre lo que la lógica tenga nada que decir en términos generales. La lógica constituye una herramienta importante para esa tarea sólo de forma indirecta, porque nos sirve de guía para reconstruír un argumento, identificando con precisión todas sus premisas, incluso aquellas que no fueron expresamente formuladas por el argumentador. Pero una vez hecho esto, la lógica nada puede aportarnos a los efectos de determinar la verdad o falsedad de las mismas. Para esto deberemos acudir a los expertos en el área sobre la que verse la argumentación que se pretenda evaluar.
La lógica es la disciplina que se encarga de estudiar y sistematizar las reglas que permiten determinar la corrección o incorrección de un argumento, cualquiera sea el tema sobre el que traten sus premisas y su conclusión. Existen distintos tipos de argumentos, pero la distinción más importante que cabe realizar es entre argumentos deductivos y argumentos inductivos. Los argumentos deductivos son aquellos cuya validez se puede demostrar empleando las técnicas de la llamada lógica formal. Un argumento deductivo o válido es aquel que permite afirmar que, en caso de que sus premisas sean verdaderas, su conclusión es necesariamente verdadera. No es posible concebir un argumetno deductivo o válido que teniendo premisas verdaderas tenga una conclusión falsa. Los argumentos inductivos son todos aquellos que no pueden ser considerados argumentos deductivos, esto es, son aquellos argumentos cuya forma lógica no garantiza necesariamente que partiendo de premisas verdaderas obtengamos siempre una conclusión también verdadera. Los argumentos inductivos son por definición argumentos inválidos (no deductivos), pues el apoyo que brindan a su conclusión depende en parte de la verdad de sus premisas. Sin embargo no todos los argumentos inductivos son iguales, hay buenos argumentos inductivos y tambien los hay malos. La lógica informal se encarga de catalogar y explicar aquellos argumentos que son malos argumentos inductivos (falacias) a pesar de que a simple vista puedan llegar a pasar por buenos argumentos. La lógica inductiva aspira a reconstruír una noción adecuada de “argumento inductivo correcto” que sea independiente de la verdad de sus premisas, o al menos de aislar los criterios de corrección de algunas formas muy usuales de argumentos inductivos: analogías, abducciones, enumeraciones (o inducciones en sentido estricto), etc. Por último, la lógica jurídica, se encarga de estudiar algunas características distintivas de los argumentos que se utilizan de forma habitual en contextos jurídicos, para determinar si resultan relevantes para determinar su validez (lógica jurídica formal) o su corrección inductiva (lógica jurídica informal).
En un desacuerdo los argumentos que se formulan no sólo deben ser sólidos, sino que además deben ser convincentes. Deben ser capaces de poner término a la disputa, o al menos deben permitir tomar partido por alguna de las opciones fundándose en los argumentos expresados por las partes contendientes. Estos argumentos no sólo deben ser sólidos sino que deben persuadir a quienes van dirigidos. La retórica es la disciplina que históricamente se ha encargado de evaluar el grado de persuasión que posee un argumento o una argumentación. Hay argumentos lógicamente correctos, incluso deductivos, pero que formulados en el seno de una disputa resultan absolutamente incapaces de generar la más mínima convicción en quien los oye. La lógica jurídica, en la medida en que no se identifica exclusivamente con la lógica jurídica formal, también incorpora el estudio de aquellos aspectos que resultan relevantes para evaluar el grado de persuasión que posee un argumento o argumentación en el marco de una disputa jurídica, como parte de lo hemos denominado lógica jurídica informal.

9. Ejercitación. Analice estos otros argumentos tomados del libro de Carl Wellman Morales y Eticas (1975):y determine: (1) la cuestión que trata de resolver el autor; (2) la respuesta que da a la misma (conclusión); (3) las razones que brinda en apoyo de su posición (premisas); (4) los enunciados que no se expresan pero que deben presuponerse para comprender el argumento (premisas tácitas); (5) los argumentos construídos para apoyar algunas de las premisas utilizadas.

3.1 “La pena capital no solo evita que el criminal siga perjudicando a la sociedad, sino que también disuade a otros de cometer actos semejantes. La mayor parte de la gente se siente tentada alguna vez de cometer actos ilegales, pero las personas normales no los llevan acabo normalmente por razones de conciencia o por miedo a la condena publica. Quizás algunas personas necesitan motivos mas poderosos para superar sus impulsos criminales, y sólo los tipos mas duros de castigo pueden mantener a raya las fuertes emociones que causan los mayores crímenes. Puesto que la muerte atemoriza a casi todo el mundo, la pena capital proporciona este saludable motivo. La ejecución de un criminal condenado sirve a los demás como ejemplo de lo que les puede ocurrir si se dejan arrastrar por sus impulsos criminales. Aunque muy pocos criminales han presenciado ejecuciones personalmente, y mucho menos aun las han sufrido, la publicidad que se da al ahorcamiento o electrocución de los asesinos condenados ha hecho que todo el mundo sea consciente de que la amenaza de la pena de muerte no es un gesto vacío. Al estimular el poderoso y profundo miedo inherente a la naturaleza humana, esa conciencia hace desistir a los criminales en potencia de la realización de actos socialmente perjudiciales, que de otra manera hubieran cometido. Puesto que la pena capital algunas veces hace desistir a esos criminales en potencia de llevar a cabo actos socialmente perjudiciales, y puesto que es correcto proteger a la sociedad de actos gravemente perjudiciales, la pena capital es algunas veces correcta.”

3.2 “Mientras que los argumentos de la prevención y de la disuasión miran al futuro e intentan justificar la pena capital apelando al futuro perjuicio que evitan, el argumento de la retribución mira al pasado e intenta justificar la pena capital como respuesta correcta al mal cometido. Dado que la sociedad no estaría justificada si quitara la vida a un criminal como castigo por un delito trivial, la pena capital es el justo castigo de los crímenes mayores. Si una persona ha matado a otra, es justo que de su propia vida a cambio. El secuestro y la violación son también actos tan sumamente incorrectos que la persona que los comete se hace merecedora de un gran castigo: la muerte. La justicia demanda que cada individuo sea tratado por los demás y por la sociedad como merece. La persona que realiza buenos actos debe ser recompensada con el bien, y la que lleva a cabo el mal debe sufrir el mal, cada una en la proporción de mal o de bien que realiza. La concepción de la justicia implícita en este argumento ha sido tradicionalmente ilustrada por la figura de una mujer con los ojos vendados que mantiene una balanza. La mujer tiene los ojos vendados de manera que no pueda reconocer a sus amigos y a sus enemigos y recompensar a los primeros mejor y a los últimos peor de lo que se merecen. La balanza simboliza el elemento del justo castigo, la noción de que el bien y el mal han de ser otorgados en compensación por el bien o el mal realizado. La concepción total es que la justicia exige que cada persona reciba lo que le es debido (a cada cual lo suyo), que reciba una suma de bien o de mal que sea igual al bien o al mal que ha hecho. Aplicado a la pena, esto significa que la pena debería ajustarse al crimen, ser proporcional al crimen, que el mal infringido al criminal condenado debería estar en proporción al grado de perjuicio que ha cometido. Puesto que la única pena que puede igualar a los crímenes mayores es la muerte, puesto que la justicia requiere que el criminal reciba una retribución justa por sus demandas, y puesto que es correcto hacer lo que la justicia requiere, la pena capital es correcta en algunas ocasiones.”

1 comentario:

Anónimo dijo...

es muy sorprendente esta informacion nose porque nadie vota por ella votes es mucha informacion de algien experto pero su talento no lo valoran